Durante varios años, Alejandro McCormack construyó su carrera lejos de Latinoamérica. Pasó por la industria financiera tradicional en Boston y luego dio el salto al mundo fintech, donde trabajó en unicornios como N26 y Raisin. Fueron años de aprendizaje sobre crecimiento, tecnología y organización de equipos, pero también de una pregunta que comenzó a hacerse cada vez más presente.

¿Por qué estaba ayudando a personas en Europa a resolver problemas financieros cada vez más sofisticados mientras en Latinoamérica millones todavía no tenían acceso a servicios básicos?

La decisión de volver, sin embargo, no fue solamente una cuestión de propósito. Alejandro quería comprobar varias hipótesis: que existía una oportunidad real en Centroamérica, que él podía ejecutar en una región que funcionaba de manera distinta a Europa y que había encontrado a los socios correctos para hacerlo. Así comenzó a tomar forma Ábaco.

De las fintech europeas a una oportunidad en Centroamérica

Antes de crear Ábaco, Alejandro McComack lideraba N1co, una fintech que buscaba convertirse en un neobanco regional. La compañía consiguió levantar capital y crecer rápidamente, pero había un problema que aparecía constantemente entre sus clientes: necesitaban crédito.

Podían procesar pagos, pero querían financiamiento para abrir una segunda sucursal, ampliar inventario o aprovechar una nueva oportunidad de negocio.

• ¿Qué viste en el sistema financiero que te hizo pensar que había una oportunidad?

Les estábamos dando pasarelas de pago a comercios y la pregunta número uno de todos era: Ok, chévere, gracias por procesarme el pago, pero ¿me puedes dar un préstamo?’. Era constante esa pregunta

Para Alejandro, detrás de esa pregunta había un problema mucho mayor. La región mantiene una enorme brecha de financiamiento para pequeñas y medianas empresas, y Centroamérica era precisamente uno de los mercados donde esa necesidad estaba menos atendida.

La apuesta comenzó a dar resultados. Ábaco ya había entregado más de US$100 millones en préstamos y construido una operación enfocada en las pequeñas y medianas empresas de la región.

El desafío de demostrar que sí se puede

Para Alejandro, el crecimiento de Ábaco terminó convirtiéndose en algo más que una oportunidad de negocio. También pasó a ser una forma de demostrar que Centroamérica podía construir compañías tecnológicas de gran escala.

El camino, sin embargo, estuvo lleno de dudas externas. Durante el proceso para levantar los US$53 millones recientemente anunciados, recibieron numerosos “no”.

Algunos inversionistas consideraban que el mercado era demasiado pequeño. Otros nunca habían contemplado invertir en Centroamérica o dudaban de que una compañía de crédito pudiera levantar el capital necesario para escalar.

Incluso hubo quienes les recomendaron trasladar la empresa a México. No lo hicieron.

• ¿Qué significó para ti lograr levantar esos US$53 millones?

Quizás somos necios, pero también es un tema de convicción de que tenemos una oportunidad…

…única de comprobar que se puede crear una gran empresa desde Centroamérica.

Por eso, cuando llegó el primer term sheet, la sensación fue especial. Después de escuchar durante meses que era imposible levantar capital de escala desde Centroamérica, finalmente tuvieron una respuesta.

Pero el capital, asegura, nunca ha sido el objetivo final. La meta es financiar a cientos de miles de pymes de la región. Y si Ábaco consigue hacerlo, Alejandro cree que habrá conseguido algo que va más allá de la compañía.

Construir el camino para los que vienen

Ábaco está desarrollando nuevos productos de crédito, sumando talento y expandiendo el uso de inteligencia artificial dentro de la operación. La compañía ya está reconstruyendo procesos completos con esta tecnología y Alejandro cree que la empresa debe prepararse para el modelo que existirá en uno o dos años, no para el que existe hoy.

Pero el desafío más importante sigue siendo otro: mantener la capacidad de subir la barra.

La compañía acaba de cerrar un mes récord, con cerca de US$100 millones en créditos colocados. El resultado fue celebrado, pero inmediatamente apareció una nueva pregunta: ¿qué viene ahora?

Para Alejandro, ahí aparece una de las grandes ventajas de tener cofundadores. Carlos Villalobos y Moisés Hasbun funcionan como ese contrapeso que permite celebrar los avances sin perder de vista todo lo que todavía queda por hacer.

Y quizás esa sea la verdadera dimensión de su apuesta. No solamente fundar Ábaco. Construir una prueba. Una compañía que demuestre que el tamaño de un mercado no determina necesariamente el tamaño de una oportunidad y que desde Centroamérica también se pueden construir empresas capaces de competir a nivel global.

Después de haber pasado por algunos de los ecosistemas fintech más desarrollados del mundo y de regresar a la región para enfrentarse a quienes decían que el mercado era demasiado pequeño, Alejandro parece tener claro qué quiere demostrar. Que sí se puede.