Constanza Cifuentes y Cristina Acuña salían de una reunión en un punto limpio cuando, caminando por el recinto, encontraron un pedazo de plumavit. Les explicaron que ese material era un problema para todo el mundo: nadie lo recibía y no sabían qué hacer con él. Si ellas lograban encontrar una solución, les dijeron, sería maravilloso.

Constanza lo cuenta como una escena de película, pero fue ahí, dice, donde empezó todo: se quedaron con la idea, se pusieron a buscar bibliografía, a hacer experimentos por su cuenta, y dieron el primer paso. Así se fundo Ideatec.

Se define como una mujer activa y sensible, de gustos simples: la naturaleza, disfrutar de lo cotidiano y, desde hace casi dos años, su hijo. Siempre fue de las que se ofrecen: en el colegio estuvo en el centro de alumnas y en la directiva del curso. Pero liderar una empresa nunca estuvo en sus planes, reconoce. Todavía en ocasiones lidia con el síndrome del impostor, comenta.

Una química entre los residuos

Estudió química casi por accidente: quería farmacia y le faltaron dos puntos para entrar. Sufrió en ese momento, pero hoy dice que quedar fuera y entrar a Química fue lo mejor que le pudo pasar. 

Como la monotonía del laboratorio no era para ella, terminó su carrera enviando currículum a todas partes y aceptando el primer trabajo que le saliera: uno en ventas. Le gustó.

Trabajó en empresas relacionadas con la minería, viajando cada dos o tres semanas entre Santiago y la segunda región, y ahí vio algo que no pudo dejar de darle vueltas: montañas de residuos sin ningún tratamiento, que por su conocimiento químico podrían ser materia prima.

Con Cristina, su socia, se conocieron en un laboratorio de la Universidad de Chile: una hacía su tesis de doctorado, la otra la de pregrado.

Años después fundaron junto a otros colegas el Colegio Chileno de Químicos, un trabajo de año y medio que les mostró que eran un gran equipo.

Un día, conversando, se dieron cuenta de que ambas unían piezas del mismo problema. Lo demás, dice, fue pasando muy rápido y hoy ve como una nebulosa, hasta que de pronto tenían una empresa y le estaban dando todo.

  • ¿Cómo llegaron a enfocarse en los residuos?

“Porque veíamos en los residuos materias primas que no estaban siendo ocupadas y que a través de la química sabíamos que podíamos darle nueva vida”

Hasta aquí llegamos

Vender en Ideatec fue más difícil de lo que pensaba. Venía de trabajar para marcas conocidas, donde las puertas se abrían solas; ahora ofrecía un producto desconocido, creado por ellas, en 2016 y 2017, cuando la sustentabilidad estaba mucho menos de moda. 

Iban de puerta en puerta. Los clientes les exigían más calidad que a los productos tradicionales, y a un precio menor. Y siempre pedían lo mismo: probarlo primero.

Así que, ellas mismas iban de noche a pintar, aplicar y hacer seguimiento del desempeño, hasta que los clientes decían: funciona.

  • ¿Cuál ha sido el momento más difícil que has vivido como emprendedora?

“En 2016, las dos habíamos renunciado al trabajo para dedicarle el 100% del tiempo. Postulábamos a fondos concursables y no salía nada; nuestros ahorros eran cada vez menos…

…Tuvimos una conversación bien dura: si en dos meses no nos adjudicábamos algo, hasta ahí llegaba”

Al mes siguiente tuvieron un muy buen proyecto que les permitió continuar.

Hubo otros golpes. Una vez les enviaron una orden de compra falsa en nombre de un cliente que ya era suyo; entregaron mucho producto antes de descubrir la estafa, en medio del estallido social y siendo una empresa muy pequeña.

Constanza reconoce que fortalecieron sus procedimientos con todo el equipo, y hoy, dice, siguen llegando intentos del mismo tipo, pero ya saben cómo reaccionar. 

Después vino la pandemia. Pero salvo aquel 2016, cuenta, nunca se plantearon cerrar: cuando aparece un problema, la pregunta siempre es cómo salir de él.

Como otro hijo

Para Constanza, la frontera entre su vida y la empresa nunca estuvo muy definida. Trabajó hasta el último momento antes de dar a luz, y recuerda haber preguntado por las ventas con su bebé de dos o tres meses durmiendo sobre ella. 

La confianza en su equipo, dice, le permite estar tranquila cuando necesita priorizar a su hijo.

  • ¿Cómo se equilibra ser líder y ser mamá?

“Es difícil hablar de mí sin hablar de Ideatec, porque está muy en mi ADN. Al principio, en las primeras vacaciones, pensaba: me tengo que desconectar, y eso me generaba una angustia tremenda. Ahora es todo lo contrario: saber que voy a estar siempre conectada me da tranquilidad, porque es algo que yo quiero, que disfruto. Es como otro hijo: no te vas a desconectar nunca. Además, tenemos un equipo increíble en el que confío completamente.”

Mira hacia adelante con entusiasmo: asegura que seguirán creciendo, que tienen proyectos interesantes y que “viene algo grande”.

Piensa que el cambio de fondo en el país dependerá de las políticas públicas: el Estado, el mayor comprador, debería dar el ejemplo, por ejemplo usando productos reciclados en el mantenimiento anual de todos sus establecimientos e instituciones. 

A las universitarias que se preguntan qué hacer con su carrera, les recomienda buscar alternativas, ir a charlas, preguntar y escribir por LinkedIn a quien les interese: lo peor que puede pasar es que no respondan.

  • ¿Qué consejo le darías a la Constanza que estaba recién empezando a emprender?

“Que no busque la desconexión: entre más la buscas, peor. Lo que estás haciendo es una creación tan linda, tan parte de ti, que no hay por qué desconectarse. Hay que disfrutarla. Y disfrutar más los logros: nos ponemos metas, las logramos y seguimos con otra”

Si pudiera cambiar algo, Constanza dice que sería tomarse algunas cosas con un poco más de calma, sobre todo en los primeros años. Lo demás lo dejaría tal cual. 

Después de todo, es el camino que decidieron hacer en Ideatec, y es el que llevó a una química a descubrir que, entre los residuos que nadie quería recibir, había una empresa esperando.


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