Cuando Martín García Huidobro terminó Ingeniería Comercial, tenía una idea que todavía lo acompaña: las industrias no están escritas en piedra.

Mientras muchos de sus compañeros buscaban un camino tradicional, él intentó construir una startup llamada Camping por Chile, una especie de Airbnb para campings cuando ese modelo todavía no existía en el país. La idea no prosperó, pero le dejó una sensación que marcaría el resto de su carrera. No había fallado por falta de convicción. Había llegado demasiado temprano.

Esa necesidad de cuestionar lo establecido terminó llevándolo a la consultoría, luego a un máster en negocios digitales en Madrid y, finalmente, al mundo de la inteligencia artificial aplicada a recursos humanos. Pero hay algo que, dice, nunca cambió.

La complejidad es el verdadero problema

Durante ocho años trabajó liderando proyectos de transformación digital. Constantemente necesitaba coordinarse con equipos de tecnología y, una y otra vez, recibía la misma respuesta. No se podía. Martín nunca quedó conforme con esa explicación.

• ¿Por qué decidiste aprender a programar si venías desde el mundo comercial?

“Yo necesito entender por qué no. La única forma de cuestionar esos ‘no’ era aprender el idioma de la programación y entender cómo funcionaban realmente las cosas”

Aprender a programar no fue un objetivo en sí mismo. Fue una herramienta para tomar mejores decisiones y conversar de igual a igual con equipos técnicos.

Hoy reconoce que prácticamente ya no escribe código. La inteligencia artificial cambió esa parte del trabajo. Lo que sigue siendo indispensable, dice, es entender cómo funciona la tecnología para imaginar soluciones nuevas.

Ese aprendizaje también cambió su manera de mirar los negocios. Vivir en Madrid le permitió dejar de pensar en empresas locales y empezar a preguntarse desde el primer día si una solución podría escalar a otros mercados.

La inteligencia artificial no reemplaza a las personas

Hoy Martín lidera el área comercial de Genera, una plataforma que automatiza procesos de recursos humanos como remuneraciones, control de asistencia y firma digital. Su objetivo no es reemplazar equipos. Es devolverles el tiempo.

• ¿Qué problema busca resolver Genera?

“Queremos que los equipos de recursos humanos vuelvan al motivo principal de su contratación: conectar con su equipo. La inteligencia artificial debería ayudarles con el trabajo administrativo, no con el trato de las personas”

Por eso insiste en que automatizar no significa delegar todas las decisiones a una IA. En recursos humanos existen procesos regulados…

datos sensibles y responsabilidades legales que todavía requieren supervisión humana.

Al mismo tiempo, cree que las empresas que no incorporen inteligencia artificial perderán una ventaja competitiva importante. La tecnología permite llegar mejor preparado a una reunión, automatizar reportes y dedicar más tiempo a entender clientes y equipos.

La clave, dice, es que la IA trabaje para las personas y no al revés.

Liderar con datos, sin olvidar a las personas

Martín tiene dos frases que su equipo ya conoce de memoria: “Lo que no está en el CRM, no existe”. Y la segunda: “El dato mata el relato”.

Para él, liderar también significa construir una cultura donde las decisiones se tomen con evidencia y no con intuiciones.

Pero esa obsesión por los datos cambió después de vivir en Madrid. Ahí entendió que la productividad no siempre está por encima de las personas y que un líder necesita dedicar tiempo a conocer las motivaciones de su equipo, no solo sus resultados.

Esa filosofía también la aplica fuera del trabajo. Padre de dos niños pequeños, intenta separar con claridad las decisiones laborales de las familiares.

Puede recuperar una oportunidad de negocio, dice, pero no un momento con sus hijos.

Por eso organiza reuniones de 30 minutos, elimina todo lo que no aporta valor y concentra el trabajo administrativo durante el día para dedicar las tardes a su familia y, cuando es necesario, volver a trabajar por la noche.

Cuando le preguntan qué consejo le daría al Martín que recién salía de la universidad, la respuesta llegó rápido:  “Que confíe en su instinto”

Porque, mirando hacia atrás, asegura que todas las decisiones – incluso las que parecían errores – terminaron conectando los puntos.

Y que hacer las cosas distintas sigue siendo la mejor forma que conoce de construir algo nuevo.