- Carey fue el primer estudio de la región en invertir en su proveedor de IA legal, cerrando el acuerdo en diciembre de 2025; Beccar Varela hizo lo mismo dentro de la Serie A de US$8 millones de Magnar.
- Andrés Arellano, CEO y cofundador de Magnar, revela que hay conversaciones avanzadas con las firmas más prestigiosas de casi todos los países donde opera la compañía.
- Magnar opera hoy en Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Argentina, Brasil y México, con avances incipientes en Costa Rica, Ecuador y Panamá.
Magnar, la legaltech fundada por Andrés Arellano, Nicolás López y Andrés Rodríguez, está construyendo algo inédito en el ecosistema legal latinoamericano: una red de estudios de abogados que son, al mismo tiempo, clientes e inversionistas. El proceso comenzó en diciembre de 2025, cuando Carey, uno de los estudios más grandes de Chile, firmó un cheque de US$500.000 sin que Magnar lo buscara.
“La propuesta de convertirse en inversionistas fue de ellos, y me parece bastante lúcida y arrojada”, afirma Andrés Arellano.
Meses después, Beccar Varela de Argentina siguió el mismo camino dentro de la Serie A de US$8 millones. Hoy, el proceso se extiende a las principales firmas de cada país donde Magnar opera.
La lógica detrás del modelo es de incentivos perfectamente alineados: el estudio que invierte tiene doble interés en que el producto funcione bien, entrega retroalimentación permanente e influye en el roadmap, y esas mejoras benefician a toda la industria.
“Cuando uno tiene clientes grandes y reconocidos eso ya da respaldo, pero cuando además son inversionistas, el respaldo es aún mayor. Genera mucha confianza”, señala Andrés Arellano.
El sistema operativo de los despachos
Magnar se propone construir el sistema operativo de las firmas legales: un conjunto de soluciones integradas que abarcan investigación jurídica, análisis de expedientes, redacción de documentos y gestión del conocimiento interno.
La plataforma procesa documentos en segundos, tiene una base de datos jurídica indexada construida por un equipo de 60 personas entre ingenieros y abogados, y opera con equipos locales en cada país. En Chile ya trabaja con la mayoría de las top 10 del mercado, incluidos estudios que son competencia directa entre sí, lo que según el CEO demuestra que la participación de Carey como inversionista no genera exclusividad ni conflicto percibido.
“La confianza es de las cosas más lentas de construir, y con esto podemos saltarnos varios pasos”, afirma Andrés Arellano.
Para garantizar ese arraigo local, Magnar se funda nativamente en cada nueva jurisdicción: en Brasil como empresa brasileña, en México como empresa mexicana, en Costa Rica como empresa costarricense.
La formación de abogados en la era de la IA
Uno de los debates más delicados que plantea Andrés Arellano es el del futuro de los abogados jóvenes: las tareas con las que aprendían el oficio son hoy las que resuelve la IA. Su respuesta es que Magnar puede ser formativa en sí misma, y por eso la compañía construye Magnar Campus, un programa de alianzas con universidades de la región para que los estudiantes aprendan a trabajar con estas herramientas desde la formación inicial.
Lo que distingue a las firmas que realmente integran la IA de las que solo la tienen instalada, según Andrés Arellano, no es el presupuesto ni la tecnología: “Son muy pocas las firmas que tienen hoy esa convicción y que lo hacen. La ventaja comparativa que luego extraen es lo que hará la diferencia a largo plazo”.
Para el CEO, el futuro de los despachos pasa por incorporar perfiles de ingeniería y tecnología como socios de negocio, no como soporte, en una industria que históricamente ha sido casi exclusivamente abogados.