Todo partió con una fila. En 2014, uno de los socios fundadores de ZeroQ tuvo que pedir la mañana en su trabajo para ir a pagar una multa en la municipalidad. Sacó su número, hizo un cálculo mental, salió a dar una vuelta y cuando volvió, su número había pasado. La supervisora le dijo algo que fue clave: «Esto le pasa a todo el mundo». Ahí nació la idea.

Xania Pantoja, cofundadora de ZeroQ, recuerda ese momento como el click que lo cambió todo. Junto a Ernesto Erdmann y Sergio Abogabir , comenzaron a construir lo que sería primero una aplicación para monitorear turnos desde el celular y, con el tiempo, una plataforma completa de gestión de atención al cliente. Hoy, más de una década después, ZeroQ opera en Chile, Perú y Colombia, levantó capital en la Bolsa de Santiago y está en un proceso de expansión regional más ambicioso que nunca.

ZeroQ: El salto a la Bolsa y lo que vino después

Cuando ZeroQ evaluó cómo levantar capital, la respuesta no fue un fondo de venture capital. La compañía venía creciendo entre un 30% y 35% anual, con caja positiva y sin quemar capital. Un perfil que los venture no valoran tanto, pero que los inversores institucionales sí.

“Un venture lo que quiere es un crecimiento del 60 u 80%, que dupliques, que sea matar o morir. Nosotros no. Nosotros íbamos creciendo lo suficientemente rápido sin arriesgarnos a morir”, explica Pantoja. Así fue como ZeroQ decidió abrirse a la Bolsa de Santiago, convirtiéndose en una de las pocas startups tecnológicas chilenas en tomar ese camino.

El proceso fue exigente. La bolsa obliga a estándares de auditoría y profesionalización que fuerzan a ordenar la casa de manera rigurosa. “Fue súper duro, pero nos sirvió para pararnos de otra manera frente a los clientes más grandes”, reconoce Pantoja. El capital levantado no fue para sobrevivir, sino para crecer más rápido y atender a corporativos de mayor escala, algo que antes les resultaba difícil sin la estructura adecuada.

Lo que aprendieron al abrir países

Con ese respaldo, ZeroQ comenzó a tantear terreno en Perú y Colombia. Y ahí llegaron los primeros golpes de realidad. La expansión fue, en palabras de Pantoja, “a la patada y el combo”: viajes, correos, reuniones artesanales y contrataciones sin un playbook claro. El resultado fue desgaste, desorden y aprendizajes que hoy están redefiniendo cómo la compañía quiere hacer las cosas.

“Lo hicimos muy similar a como partimos en Chile, muy artesanal. Y ya estábamos más grandes. Lo que debimos haber hecho es estandarizar bien los procesos acá primero y después exportarlos. No hacerlo tan artesanal, porque fue un desgaste físico, de recursos y fue más desordenado”, menciona Xania Pantoja.

Cada país tiene además su propia idiosincrasia. En Perú, los clientes demoran en responder, pero cuando llegan lo hacen con orden de compra. En Colombia, la reunión es cálida y entusiasta, pero cerrar puede tomar meses. Y en Perú, además, hay un trabajo educativo previo: el mercado está algo más atrasado tecnológicamente, lo que exige preparar el terreno antes de vender.

El foco para los próximos cuatro años

Hoy, ZeroQ está construyendo ese playbook que le faltó en la primera expansión. La meta es clara: que Perú y Colombia representen entre el 25% y el 30% del revenue total de la compañía en cuatro años, con un crecimiento proyectado del 90% anual en cada mercado. No se trata de bajar Chile, sino de hacer crecer el total.

Las tres verticales prioritarias serán las mismas que consolidaron en Chile: salud, servicios financieros y servicios regulados. Son industrias con alto flujo de atenciones presenciales, donde gestionar personas es crítico y donde ZeroQ tiene mayor experiencia y tracción.

“Nosotros nacimos como una empresa de tecnología. Las empresas que estaban antes son empresas de hardware que tienen software. Nosotros somos una empresa de software que tiene hardware. El enfoque hacia resolver el problema es muy distinto”, analiza Xania Pantoja.

A eso se suma la apuesta por inteligencia artificial: ZeroQ desarrolló un agente de IA que se integra con su plataforma física, permitiendo que una atención comience de forma digital y termine de manera presencial, o viceversa. Es el paso de vender tótems a ofrecer soluciones end-to-end, el mismo cambio que la fundadora define como el momento “transformacional” que vive hoy la compañía.