A la mitad de la entrevista, Simoné Oliva pidió un segundo: su hija menor estaba tocando la puerta. Es septiembre, semana de vacaciones de colegio, y ella seguía trabajando. La escena resume bien lo que describe como su realidad cotidiana: ser fundadora, exgerente y madre de dos niñas al mismo tiempo. Lo compara con correr una maratón pero con una mochila de 20 kilos a la espalda. En los primeros kilómetros la diferencia no se nota tanto. En el kilómetro 20, sí.

Ingeniera civil industrial de formación, eligió la carrera, dice, porque era buena en matemáticas y física, después de que le dijeran que con música o deporte, sus verdaderas pasiones: “se iba a morir de hambre”. 

Simoné se define como una dualidad: tremendamente estructurada, pero también extrovertida y poco amiga de las conversaciones densas. 

Tras años en grandes empresas como Cencosud y Chilexpress, se cambió a una empresa B certificada, donde llegó a ser gerenta general. Ahí encontró el problema que la llevaría a emprender.

Un problema estructural

En esa empresa, Simoné vio de primera fuente cómo las pymes que querían avanzar en sostenibilidad chocaban con un muro: sin un área ni un experto propio, tenían que contratar consultoría externa para cada tema, huella de carbono, residuos, biodiversidad, y al año siguiente volver a pagar por lo mismo. Nunca construían capacidad interna. Eso, dice, le molestó lo suficiente como para querer resolverlo.

  • ¿Cuál fue el problema que detectaste y que te llevó a fundar Otaria?

“Una pyme que quería avanzar en huella de carbono tenía que contratar un consultor experto, y al año siguiente volver a contratar lo mismo. No estaba construyendo nada: estaba delegando en un tercero algo que para ella era estratégico».

La primera versión de su empresa se llamó Decarbonite y solo duró dos meses: se dio cuenta de que el mercado ya tenía suficientes actores enfocados solo en huella de carbono, y que lo que faltaba era algo que unifica la sostenibilidad completa. Ahí nació Otaria. 

Antes de construir nada, sin embargo, tuvo que pasar por lo que describe como el primer gran dolor de emprender: entrevistar a decenas de profesionales, hacer encuestas y tomar un diplomado en huella de carbono para validar que el problema era real, antes de escribir una sola línea de código.

Tecnología, pero no solo tecnología

A Simoné le incomoda que llamen startup a Otaria. Le han dicho que una startup no debería hacer consultoría porque no escala, y entiende el argumento, pero insiste en que las mejores soluciones de su tecnología nacen justamente del trabajo uno a uno con sus clientes. 

Por eso construyó la empresa sobre tres pilares: consultoría, formación y, recién al final, tecnología. La herramienta no es el fin, dice, sino el medio para que una pyme construya una capacidad que antes no tenía.

  • ¿Por qué elegiste un modelo de autogestión en vez de la consultoría tradicional?

“Tiene que ver con eficiencia de largo plazo, no de corto plazo: no busco derivar el menor tiempo posible en soporte, como haría un SaaS…

 … tradicional sino que mis clientes dejen de necesitarme. Cuando alguien me dice que dejaron de llamar al consultor cada año, para mí eso es un éxito”.

Ese mismo principio, entregar confianza y responsabilidad antes que control, define su forma de liderar. Dice que si algo falla en su equipo, el error es siempre suyo como líder, nunca de la persona a la que delegó.

Hoy Otaria ha acompañado a más de 40 empresas a medir y gestionar sus impactos, y recientemente se convirtió en la primera empresa B de Chile, y de las primeras de Latinoamérica, certificada bajo los nuevos y más exigentes estándares de B Lab.

La maratón con mochila

Simoné nota que la mayoría de los eventos de su industria ocurren después de las siete de la tarde, un horario que, dice, tiene poca empatía de género: en la mayoría de esas fotos aparecen hombres, porque son sus parejas quienes suelen quedarse cuidando a los hijos. Durante un tiempo se castigó por no estar en esos espacios. Ya no.

  • ¿Cómo es compatibilizar ser mamá, estar casada y liderar una empresa?

“Es difícil. Uno nunca termina de hacer funcionar esa rueda, porque son roles sumamente exigentes, casi todos 24/7. Mientras otros van a la velocidad de la luz y los ves en todos los eventos, yo aprendí a dejar de castigarme por no estar ahí. Elijo muy bien mis batallas…

…prefiero sacar una certificación que valide lo que estoy construyendo, antes que publicar que fui a tal evento”.

Sueña con que, en cinco años, usar Otaria sea tan simple como abrir el correo electrónico: que ninguna pyme necesite que le expliquen cómo funciona. 

Cuando le preguntan qué le diría a la Simoné que recién entraba a su primera gran empresa, no duda: que confiara en el proceso, que se iba a caer y le iba a doler, pero que iba a llegar a construir algo que valdría la pena. 

No cambiaría nada del camino recorrido, ni los tropiezos, dice, porque cada uno de esos dolores terminó siendo, a fin de cuentas, puro entrenamiento para lo que vendría después.


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