Un caso de violencia intrafamiliar que atendió como abogada, y que el Estado no pudo cubrir a tiempo, llevó a Francisca de la Piedra a fundar lo que hoy es Umano, una plataforma de bienestar corporativo con más de 40 profesionales operando en siete países de Latinoamérica. Madre de tres hijas y crítica de la romantización del emprendimiento, construyó una empresa bajo una convicción simple: nada de humo, solo soluciones reales para problemas reales.
Francisca de la Piedra se había titulado de abogada, se había especializado en derecho de familia casi por hobby, leyendo manuales en vez de novelas. Un día le llegó un caso de violencia intrafamiliar brutal, con vulneración de derechos de menores de por medio.
Se asoció con otros abogados para tomar el caso, y vio en carne propia algo que la marcaría: contar con asesoría profesional privada le cambió la vida a esa familia. El Estado, con todo su profesionalismo, simplemente no daba abasto.
Madre de tres hijas y casada hace más de 15 años, Francisca siempre juró que nunca iba a emprender: su papá lo fue, y ella no quería seguir ese camino. Quería estudiar trabajo social, pero terminó en derecho.
Trabajó luego en una empresa de publicidad, donde un jefe que hoy sigue siendo su mentor la empujó a aprender gestión de proyectos, licitaciones y hasta a usar Excel –algo que la universidad, dice, nunca le enseñó –.
De ese caso de violencia intrafamiliar, sin embargo, salió la pregunta que terminaría definiendo su carrera: ¿cómo hacer que esa ayuda llegará a más personas?
De un caso de violencia intrafamiliar a Legal Step
La empresa nació como ayuda legal gratuita para trabajadores, bajo la razón social Legal Step.
Muy rápido, Francisca y sus socias entendieron que la solución legal por sí sola se quedaba corta: lo que esas familias necesitaban era un acompañamiento multidisciplinario, sin sobre intervenir ni revictimizar. Empezaron a buscar un nombre nuevo que representara eso.
- ¿Cómo nace el nombre Umano?
“Esto partió como ayuda legal gratuita a raíz de ese caso de violencia. Muy rápido nos dimos cuenta de que la solución legal se quedaba corta: lo que esa familia necesitaba era un programa multidisciplinario, sin sobre intervenir ni revictimizar”
“Buscamos nombre durante mucho tiempo, hasta que una agencia nos propuso Umano, sin hache. Sin el humo del bienestar corporativo supersexy. Le achuntaron a la médula, y ahí quedó”.
El programa creció profesional por profesional, siguiendo lo que los propios especialistas iban pidiendo: al abogado y la psicóloga se sumó un trabajador social; después, terapia ocupacional, cuando la psicóloga infantojuvenil advirtió una alta demanda de diagnósticos del espectro autista; después, kinesiología personalizada, a partir de rutinas reales de cada paciente y no de planes genéricos de gimnasio.
Hoy son ocho líneas de profesionales, todas interconectadas entre sí.
Somos más que empanadas
Cuando Umano partió, los departamentos de personas de muchas empresas estaban concentrados en la fiesta de fin de año o la celebración del 18 de septiembre: un programa integral de bienestar terminaba compitiendo, literalmente, con el presupuesto de las empanadas.
- ¿Qué tan difícil ha sido convencer a las empresas de invertir en bienestar?
“Por eso hicimos, desde el humor, una campaña que llamamos el Empanómetro: somos más que empanadas, necesitamos apoyo todo el año, no solo el 18. Ha ido cambiando, porque hoy hay evidencia: el Banco Mundial estimó en más de 30 mil millones de dólares las pérdidas anuales en productividad y ausentismo por salud mental en la región”.
Ser mujer en el emprendimiento, dice, no lo vive desde un rol de víctima, pero sí reconoce que la cancha está lejos de estar pareja: menos fondos disponibles para mujeres, menos mujeres postulando a ellos, y una carga de conciliación familiar que sigue recayendo, de forma desproporcionada, sobre ellas.
Recuerda, entre risas incómodas, una reunión con un gerente de personas de una empresa grande que les dijo, fuera de cámara, que las mujeres solo iban a las empresas a embarazarse.
“Esas son las cosas que te van afectando la seguridad. Ahí tienes que buscar evidencia de la importancia de lo que estás haciendo: no estamos inventando la rueda, esto lo viene hablando gente muy potente hace mucho tiempo, y hay resultados”.
Pensar en grande, sin romantizar el camino
Francisca insiste en que el emprendimiento se romantiza demasiado: el problema no suele ser un hito puntual, sino la incertidumbre del día a día, pagar los sueldos, cumplir el presupuesto, que no se resuelve sola.
Hoy Umano opera en México, Perú, Argentina, Uruguay, Colombia y Ecuador, y ya tiene programado partir en Brasil el 2027, con un primer cliente esperando.
- Si te reencontraras con la Francisca que estaba recién empezando a emprender, ¿qué consejo le darías?
“Que tuviera más confianza. El primer año sentía mucha inseguridad, como si fuéramos unas locas vendiendo algo a medio camino entre una fundación y una empresa.
…Tienes que buscar evidencia de la importancia de lo que estás haciendo, y nunca dejar de ver el problema que resuelves: eso es lo que te mantiene vigente”.
No cambiaría nada, asegura, ni siquiera lo difícil: todo, lo bueno y lo malo, la trajo hasta donde está hoy.
Es la misma convicción con la que nombró a su empresa hace unos años, cuando decidió que el bienestar corporativo no necesitaba más humo, sino algo mucho más simple y más difícil de construir: soluciones humanas para problemas humanos.
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