Trabajó más de 20 años como abogado tributario antes de dejar las oficinas para liderar Rindegastos, una plataforma de rendición de gastos que nació de pivotear un fracaso, Paymox, y que en 2025 fue adquirida por el grupo noruego Visma. Sebastián Ferrer dice que su mayor lección cabe en una palabra: foco.
Durante años, Sebastián Ferrer y sus cofundadores insistieron con Paymox, una solución para optimizar el pronto pago a las empresas. Había clientes interesados, pero la tecnología no acompañaba: hace unos 15 años la factura electrónica recién partía y casi todo el proceso seguía siendo manual.
No lograron prestarle el servicio a ninguno. Hasta que un día se miraron las caras alrededor de la mesa y dijeron: “Vamos por el cambio”. Fue una decisión, dice, que con el tiempo demostró ser la correcta.
Papá de tres niños y casado, Sebastián se describe como una persona tranquila y de bajo perfil, a la que le gusta el deporte, juntarse con los amigos y, sobre todo, estar en familia. De niño le atraían las series de abogados y pensaba en el derecho como su futuro.
Y lo fue por más de 20 años, con foco en derecho tributario, hasta que dio un giro radical. Hoy no extraña la abogacía: lo suyo es un mundo dinámico, de día a día, y lo que lo ordena todo es una idea que repite como un mantra: tener foco.
Enamorarse del problema, no de la solución
El derecho tributario le gustaba por ser, dice, el área más dinámica de las leyes: todas las ramas tienen una parte que se cruza con los impuestos, y las reformas no paran. En paralelo emprendió. En Paymox era cofundador y el abogado de la compañía; los otros socios estaban en el día a día.
- ¿Qué aprendiste del fracaso de Paymox?
“Que uno tiende a enamorarse de una solución y no del problema. Estábamos enfocados en resolver el problema, pero con la solución que teníamos en mente, y ahora, mirando hacia atrás, nos damos cuenta de que deberíamos haber pivoteado mucho antes”
“Hay que ser más práctico: si la cosa no funciona, no hay que forzarla ni tratar de hacer un monstruo complejo. Las cosas tienen que ser simples y eficientes”
RindeGastos es fruto de ese pivote, hace casi 12 años. Los socios vieron un problema que casi nadie abordaba: los actores estadounidenses y europeos atendían a las grandes transnacionales, y el resto de la industria, desde un kiosco hasta la multinacional, seguía rindiendo gastos con planillas de Excel, comprobantes grapados y errores que a veces llegaban al fraude.
Además, era una solución que podían desarrollar al 100% ellos mismos. Cuesta, reconoce, porque uno por orgullo trata de sacar adelante lo que empezó. Pero fueron prácticos.
La lección de Paymox quedó en el ADN de la empresa. Antes del cambio habían desarrollado una plataforma robusta, pero no eran los mejores en nada de lo que resolvía. Esta vez Sebastián afirma que fue distinto.
“Vamos a hacer la mejor solución de rendiciones de gastos en Latinoamérica”, se dijeron, y todo lo que desarrollaron fue en esa línea: “foco, foco, foco”.
Rodearse de gente mejor que uno
Dejar el derecho tributario no fue un hecho puntual: Rindegastos crecía y necesitaba más involucramiento de su parte. Llegó como director ejecutivo a aprender. Se sacó la chaqueta y la corbata, pasó de una industria muy tradicional a una empresa tecnológica y se metió en cada área para entender los procesos y detectar las piezas clave.
Cuando asumió como CEO, apoyado en un directorio de cofundadores, su estrategia fue armar el mejor equipo posible.
- ¿Cómo es para ti ser líder?
“Es bien desafiante. Desde el día uno le he transmitido a mi equipo que lo más importante son ellos. Estoy convencido de que, para que una empresa sea exitosa, quien la lidera tiene que estar acompañado por gente mucho mejor que él en cada una de las cosas que les toca hacer. Y de eso me he preocupado”
Lo más difícil, cuenta, fue la transición de startup a scaleup. Había que profesionalizar áreas e implementar procesos, y eso implicó dejar ir a personas que habían trabajado mucho tiempo con ellos y habían cumplido su ciclo.
“Eso siempre es difícil, porque era gente muy querida, con la que teníamos una tremenda relación. Pero la empresa iba en una dirección distinta y había que tomar la decisión”
Su vida es casi 24/7, entre viajes y reuniones, pero su fórmula es priorizar y separar: “Ojalá cuando me subo al auto hago el switch”, aunque admite que no siempre se puede.
Crecer sin hacer ruido
Rindegastos creció sin capital externo, con recursos propios. Esa fue, explica, su principal ventaja: les obligó a ser ordenados y a tener foco, sin “quemar plata como muchas empresas cuando levantan capital”.
La desventaja fue no poder crecer de manera más agresiva, aunque hoy lo ve como algo bueno. Mientras otros hacían ruido, ellos pasaron bajo el radar, hasta posicionarse como números uno.
Hoy tienen operaciones en México, Colombia, Perú, Chile y Argentina, y clientes también en Uruguay, Paraguay y Ecuador.
- ¿Cómo decidieron vender la empresa que construyeron?
“Nosotros no estábamos buscando vender. Éramos rentables, no teníamos deuda y éramos los número uno en Latinoamérica, y los fondos de private equity nos contactaban prácticamente todos los meses. Pero lo que más nos llamó la atención de Visma fue su propuesta de valor: queríamos mantener la cultura que tanto nos había costado formar y darle a nuestra gente un lugar donde desarrollarse”
La parte económica, admite, también pesó mucho. La integración al grupo, afirma, abrió sinergias en lugar de imponer cambios, y tampoco lo cambió a él: sigue siendo la misma persona, levantándose temprano.
- ¿Qué consejo le darías a Sebastián que estaba recién cofundando?
“Tener foco. He tenido muchos emprendimientos de distinta naturaleza y, mirando hacia atrás, creo que esforzarse por hacer una cosa de la mejor manera posible es la clave del éxito. Cuando uno centra todos los esfuerzos en un solo objetivo, la probabilidad de éxito no está asegurada, pero aumenta significativamente!”
No cambiaría nada: uno hoy es la consecuencia de sus aciertos y sus desaciertos, y está donde está gracias al camino recorrido. Incluido Paymox, el fracaso que, mirado desde ahora, fue el primer paso para aprender a hacer una sola cosa y hacerla bien.