Hoy millones de chilenos usan la ClaveÚnica sin preguntarse quién la impulsó. Pero hubo un tiempo en que Andrés Arellano la defendía dentro del gobierno, cuando casi nadie la conocía y a muchos les parecía innecesaria.

Insistió, y con los años la ClaveÚnica se convirtió en la puerta de entrada digital al Estado. Hoy la considera, en cierto modo, el emprendimiento más exitoso que ha tenido.

Casado y papá de tres hijas, Andrés vive sus pasatiempos con intensidad y por temporadas: escalada, carpintería, andinismo. Con los proyectos es distinto: lleva toda la vida construyendo cosas. Lo que atraviesa su trayectoria es una exigencia que hoy le repite a su equipo: asumir que siempre se está pensando en chico, y multiplicar la ambición por diez.

De las leyes a la ingeniería

Entró a Derecho por vocación de servicio público. A los dos años concluyó que la carrera le daba herramientas valiosas, pero que lo suyo era construir, y se cambió a Ingeniería.

  • ¿Qué te hizo dejar Derecho por Ingeniería?

“Me di cuenta de que lo mío era construir cosas, y la ingeniería me permitía hacerlo de forma mucho más directa. La vocación de servicio público la mantengo hasta hoy. Al final fue una muy buena mezcla: me siento completamente ingeniero, pero esos dos años me dieron una base humanista que me define y que hoy me ayuda a entender cómo piensan nuestros clientes.”

Esa mezcla explica buena parte de lo que vino después. Trabajó en un centro de estudios de tecnología de la universidad y en un programa de fomento al emprendimiento, y fundó su primera startup, un software de finanzas personales, en la primera generación de Start-Up Chile.

El producto no despegó, pero el equipo sí: lo convirtió en una fábrica de software que más tarde se transformó en Platanus Ventures.

Quemar las naves

En 2014 vendió su participación y llegó al gobierno a liderar Gobierno Digital. Durante cuatro años dirigió un equipo de 30 ingenieros y trabajó a diario en La Moneda, rodeado de abogados.

Después vinieron cuatro años a cargo de producto y tecnología en una empresa de software para estudios jurídicos, y otros proyectos más cortos, hasta que volvió a emprender.

En 2023 cofundó una empresa para hacer más eficientes a los equipos de desarrollo de software, justo cuando la IA empezaba a reescribir ese mercado.

  • ¿Cuál ha sido el momento más difícil que has vivido?

“Las transiciones: cerrar lo que estás haciendo y empezar un ciclo nuevo. Dejar Platanus para irme al gobierno…

 … y cuatro años después dejar el gobierno, fueron decisiones muy difíciles. En ambas uno quema las naves: no hay vuelta atrás. Son decisiones que marcan el resto de tu vida.”

De esas etapas le quedó una forma de liderar. A Andrés le interesa menos controlar que dar contexto: explicar hacia dónde va la empresa, qué restricciones tiene y cómo se mueve la competencia, y confiar en que cada persona avance con autonomía.

Prefiere bloques de trabajo muy concentrados, y dice que el desafío no es repartir el tiempo, sino la atención: cuando está con su familia, estar realmente ahí y no con la cabeza en la oficina.

Pensar diez veces más grande

Magnar nació a mediados de 2025, cuando Andrés y Nicolás López, a quien había conocido por trabajo un par de años antes, vieron la oportunidad de cruzar dos mundos que conocían bien: la inteligencia artificial y el derecho. 

El derecho, explica, descansa sobre texto, que es justamente donde la IA es más poderosa. Y a diferencia del software, que funciona igual en todas partes, las leyes cambian de un país a otro. Ahí está el espacio para un líder regional.

Hoy la plataforma opera en siete países, con cerca de 30 mil usuarios y unos 350 estudios jurídicos.

Andrés atribuye ese crecimiento a un calce claro con las necesidades del mercado, a un activo tecnológico difícil de replicar y a una decisión que tomaron desde el primer día: certificarse en seguridad de la información cuando la mayoría de las startups lo hace años después.

Levantar para llegar primero

En septiembre, a poco más de un año de su fundación, Magnar anunció una Serie A de US$8 millones, liderada por 6 Degrees Capital y coliderada por Hi Ventures, con participación de FEN Ventures, Nascent Ventures y Platanus Ventures, el mismo fondo que nació de aquella fábrica de software.

También entraron como inversionistas dos estudios jurídicos: Carey, el más grande de Chile, y el prestigioso estudio argentino Beccar Varela. La idea es sumar en los próximos meses a estudios líderes de los otros países donde opera.

  • ¿Por qué eran reticentes a levantar capital?

“Porque uno pierde libertad, y el capital no es sinónimo de éxito. Con mucha plata es fácil tomar malas decisiones; las restricciones te obligan a ser racional. Pero teníamos claro el calce con el mercado y veíamos una ventana de oportunidad en la que la velocidad lo es todo. Teníamos que llegar antes que el resto y convertirnos rápido en el líder de la región. Levantamos por velocidad.”

Los recursos irán a instalar equipos y oficinas propias en México y Brasil, dos países federales donde buena parte de la inversión se destinará a construir bases de datos legales a nivel estatal, y a profundizar la presencia en los mercados donde ya opera.

Detrás de ambas apuestas hay más desarrollo: un equipo de ingeniería más grande y una adaptación más profunda a cada sistema jurídico.

Con la ronda cerrada, el mensaje al equipo fue doble: mantener la disciplina de cuando no había capital y, al mismo tiempo, obligarse a pensar en grande.

Para el próximo año espera consolidar la operación en la región y que cualquier abogado de Latinoamérica sepa que, para trabajar, necesita Magnar.

  • ¿Qué consejo le darías al Andrés que estaba empezando?

“Que pensara más en grande. En Chile es fácil pensar en chico, y no hay ninguna razón para hacerlo. Si apuntas lejos y no llegas, igual vas a llegar más lejos que si hubieras apuntado cerca. Y que decidiera más rápido: cuando tengo una intuición, tengo que actuar antes.”