- Estudió Derecho dos años antes de cambiarse a Ingeniería, lideró Gobierno Digital durante cuatro años y fundó varias empresas antes de crear Magnar, la plataforma de inteligencia artificial para abogados que ya opera en siete países de Latinoamérica y que acaba de cerrar una Serie A de US$8 millones. Su mayor lección, dice, es tan simple como difícil de aplicar desde Chile: pensar en grande.
Hoy millones de chilenos usan la ClaveÚnica sin preguntarse quién la impulsó. Pero hubo un tiempo en que Andrés Arellano la defendía dentro del gobierno, cuando casi nadie la conocía y a muchos les parecía innecesaria.
“Había gente que se reía de mi obsesión. Les parecía una idea menor, y yo estaba convencido de que iba a cambiar la forma en que las personas se relacionan con el Estado”, recuerda.
Insistió, y con los años la ClaveÚnica se convirtió en la puerta de entrada digital al Estado. Hoy la considera, en cierto modo, el emprendimiento más exitoso que ha tenido.
Casado y papá de tres hijas, Andrés vive sus pasatiempos con intensidad y por temporadas: escalada, carpintería, andinismo. Con los proyectos es distinto: lleva toda la vida construyendo cosas. Lo que atraviesa su trayectoria es una exigencia que hoy le repite a su equipo: asumir que siempre se está pensando en chico, y multiplicar la ambición por diez.
De las leyes a la ingeniería
Entró a Derecho por vocación de servicio público. A los dos años concluyó que la carrera le daba herramientas valiosas, pero que lo suyo era construir, y se cambió a Ingeniería.
- ¿Qué te hizo dejar Derecho por Ingeniería?
“Me di cuenta de que lo mío era construir cosas, y la ingeniería me permitía hacerlo de forma mucho más directa. La vocación de servicio público la mantengo hasta hoy. Al final fue una muy buena mezcla: me siento completamente ingeniero, pero esos dos años me dieron una base humanista que me define y que hoy me ayuda a entender cómo piensan nuestros clientes.”
Esa mezcla explica buena parte de lo que vino después. Trabajó en un centro de estudios de tecnología de la universidad y en un programa de fomento al emprendimiento, y fundó su primera startup, un software de finanzas personales, en la primera generación de Start-Up Chile.
El producto no despegó, pero el equipo sí: lo convirtió en una fábrica de software que más tarde se transformó en Platanus Ventures.
Quemar las naves
En 2014 vendió su participación y llegó al gobierno a liderar Gobierno Digital. Durante cuatro años dirigió un equipo de 30 ingenieros y trabajó a diario en La Moneda, rodeado de abogados.
Lo describe como su experiencia más profunda en legaltech, aunque no fuera en una startup.
Después vinieron cuatro años a cargo de producto y tecnología en una empresa de software para estudios jurídicos, y otros proyectos más cortos, hasta que volvió a emprender.
En 2023 cofundó una empresa para hacer más eficientes a los equipos de desarrollo de software, justo cuando la IA empezaba a reescribir ese mercado.
- ¿Cuál ha sido el momento más difícil que has vivido?
“Las transiciones: cerrar lo que estás haciendo y empezar un ciclo nuevo. Dejar Platanus para irme al gobierno…
… y cuatro años después dejar el gobierno, fueron decisiones muy difíciles. En ambas uno quema las naves: no hay vuelta atrás. Son decisiones que marcan el resto de tu vida.”
De esas etapas le quedó una forma de liderar. A Andrés le interesa menos controlar que dar contexto: explicar hacia dónde va la empresa, qué restricciones tiene y cómo se mueve la competencia, y confiar en que cada persona avance con autonomía.
También rechaza la idea de que un emprendedor deba trabajar 70 horas a la semana.
Prefiere bloques de trabajo muy concentrados, y dice que el desafío no es repartir el tiempo, sino la atención: cuando está con su familia, estar realmente ahí y no con la cabeza en la oficina.
Pensar diez veces más grande
Magnar nació a mediados de 2025, cuando Andrés y Nicolás López, a quien había conocido por trabajo un par de años antes, vieron la oportunidad de cruzar dos mundos que conocían bien: la inteligencia artificial y el derecho.
El derecho, explica, descansa sobre texto, que es justamente donde la IA es más poderosa. Y a diferencia del software, que funciona igual en todas partes, las leyes cambian de un país a otro. Ahí está el espacio para un líder regional.
Hoy la plataforma opera en siete países, con cerca de 30 mil usuarios y unos 350 estudios jurídicos.
Andrés atribuye ese crecimiento a un calce claro con las necesidades del mercado, a un activo tecnológico difícil de replicar y a una decisión que tomaron desde el primer día: certificarse en seguridad de la información cuando la mayoría de las startups lo hace años después.
“Nuestros clientes venden confianza. Nosotros también”, dice.
Levantar para llegar primero
En septiembre, a poco más de un año de su fundación, Magnar anunció una Serie A de US$8 millones, liderada por 6 Degrees Capital y coliderada por Hi Ventures, con participación de FEN Ventures, Nascent Ventures y Platanus Ventures, el mismo fondo que nació de aquella fábrica de software.
También entraron como inversionistas dos estudios jurídicos: Carey, el más grande de Chile, y el prestigioso estudio argentino Beccar Varela. La idea es sumar en los próximos meses a estudios líderes de los otros países donde opera.
Aun así, levantar capital no estaba en sus planes.
- ¿Por qué eran reticentes a levantar capital?
“Porque uno pierde libertad, y el capital no es sinónimo de éxito. Con mucha plata es fácil tomar malas decisiones; las restricciones te obligan a ser racional. Pero teníamos claro el calce con el mercado y veíamos una ventana de oportunidad en la que la velocidad lo es todo. Teníamos que llegar antes que el resto y convertirnos rápido en el líder de la región. Levantamos por velocidad.”
Los recursos irán a instalar equipos y oficinas propias en México y Brasil, dos países federales donde buena parte de la inversión se destinará a construir bases de datos legales a nivel estatal, y a profundizar la presencia en los mercados donde ya opera.
Detrás de ambas apuestas hay más desarrollo: un equipo de ingeniería más grande y una adaptación más profunda a cada sistema jurídico.
Con la ronda cerrada, el mensaje al equipo fue doble: mantener la disciplina de cuando no había capital y, al mismo tiempo, obligarse a pensar en grande.
Para el próximo año espera consolidar la operación en la región y que cualquier abogado de Latinoamérica sepa que, para trabajar, necesita Magnar.
- ¿Qué consejo le darías al Andrés que estaba empezando?
“Que pensara más en grande. En Chile es fácil pensar en chico, y no hay ninguna razón para hacerlo. Si apuntas lejos y no llegas, igual vas a llegar más lejos que si hubieras apuntado cerca. Y que decidiera más rápido: cuando tengo una intuición, tengo que actuar antes.”